Así pues, hablemos de la Santísima Trinidad.
El queso de cabra. Un loco y su familia. Un esloveno que se dedicaba a la abogacía decide comprar un terreno de bastantes hectarias (parece ser que la mayoría de las tierras son todavía de propiedad gubernamental, así que hay para dar y regalar) y se aficiona por las cabras que había comprado para limpiar el terreno. Se construye una casa maravillosa, con un mirador increíbe y una pequeña quesería. Y vive feliz. También lo hacen sus cabras, unas 60, que salen dos veces al día a comer pasto, llueva o nieve, y después vuelven voluntariamente al establo. ¿Es su queso incríblemente bueno? No. ¿Merece la pena la visita? Absolutamente. El problema de Kumparicka es que, aunque pareciera al contrario, el queso no es la razón sino la excusa de esta familia para vivir la maravillosa vida que han elegido. La leche es increíble. Con solo conseguir un quesero, alguien con experiencia que les pudiese guiar en la elaboración del producto final, podrían conseguir algo extraordinario.
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| Las posibilidades alimentarias de las cabras. |
Y finalmente el aceite de oliva. No soy experta en aceite de oliva, pero en mi experiencia (italiana) cuanto más al sud va uno, más fuerte es el aceite de oliva. El aceite istriano que probamos era delicado pero de gran aroma. Como con casi todos los productores que visitamos, estos dos hermanos también tienen una historía de lo más inverosímil. El pequeño, apasionado de los olivos desde niño, decidió empezar a producir aceite en una familia de ingenieros con 14 años. Se montó en un tractor y rompió esquemas. Todos lo tildaron de loco cuando decidió recoger los frutos un mes antes de lo habitual (al parecer en aquella época era tradición hacer la recogida el 29 de Noviembre, día de la república yugoslava), cuando se quejaba de la temperatura de molienda o metía el aceite en botellas especiales. Ahora los vecinos mantienen siempre un ojo en su olivar para correr a prepararse en caso de que Sandi salga con su tractor. Hace poco decidieron introducir cerdos. Han descubierto que se comen las malas hierbas, mantienen el terreno aireado y lo fertilizan de maravilla. Ah, porque me había olvidado de decir que son productores biológicos. Dos pájaros de un tiro. Aunque ahora no se le de gran importancia, Istria ha sido uno de los productores de aceite historicamente mas reconocido. En época romana, todo el producto elaborado en lo que se llamaba el "triangulo dorado" istriano estaba reservado para el consumo personal del César. Como pueden cambiar las cosas.



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