domingo, 18 de mayo de 2014

La sagrada trinidad: queso, aceite y cerveza.

El vino istriano es bastante preciado. Visitamos dos productores y ninguno de los dos me convenció. Quizá tuvimos mala suerte, quizá mi paladar no era compatible con ellos. El vino es todavía uno de los productos que considero más subjetivos. Una vez superados los vinos realmente malos, encuentro difícil objetivizar las preferencias. Como todo en la alimentación, hay mucho más detrás de un producto que el simple hecho de probarlo. Y ya no hablo de la historia del productor, o su sostenibilidad. Hablo de la mente del propio degustador. Por ejemplo se ha demostrado que cuando una persona disminuye su consumo de sal también disminuye la cantidad que cree necesaria añadir a la comida. Es decir, que tras 4-8 semanas algo que antes era soso ahora esta perfectamente salado. Y que cuando una se acostumbra a vinos piamonteses, caracterizados por una intensidad y cuerpo que echan para atrás, es díficil diferenciar entre vinos a los que les falta carácter o que simplemente son más delicados.

Así pues, hablemos de la Santísima Trinidad.

El queso de cabra. Un loco y su familia. Un esloveno que se dedicaba a la abogacía decide comprar un terreno de bastantes hectarias (parece ser que la mayoría de las tierras son todavía de propiedad gubernamental, así que hay para dar y regalar) y se aficiona por las cabras que había comprado para limpiar el terreno. Se construye una casa maravillosa, con un mirador increíbe y una pequeña quesería. Y vive feliz. También lo hacen sus cabras, unas 60, que salen dos veces al día a comer pasto, llueva o nieve, y después vuelven voluntariamente al establo. ¿Es su queso incríblemente bueno? No. ¿Merece la pena la visita? Absolutamente. El problema de Kumparicka es que, aunque pareciera al contrario, el queso no es la razón sino la excusa de esta familia para vivir la maravillosa vida que han elegido. La leche es increíble. Con solo conseguir un quesero, alguien con experiencia que les pudiese guiar en la elaboración del producto final, podrían conseguir algo extraordinario.

Las posibilidades alimentarias de las cabras.
La cerveza. Otros dos locos, seguramente con bastante dinero. Dos hermanos que se dedican al negocio de la electricidad deciden empezar a hacer pequeñas cantidades de cerveza en su garaje para "unos cuántos amigos". Visto que tienen éxito, compran un pequeño terreno y dos líneas de producción cervezera. Siempre como negocio extra, y por miedo a que la cerveza no se venda, construyen lo que es el único pub-bar-de-cerveza para promocionarla al lado. Habren hará ocho meses. Producen 20.000 botellas al año y se dan cuenta de que la demanda es ya de 50.000. Cuándo les preguntamos porque no habían ido a lo grande teniendo en cuenta que las primeras habían tenido éxito, nos dijeron que beber cerveza no es algo demasiado tradicional en su cultura y que el mercado consideraba su precio (lo cuál quiere decir la única cervecería artesanal croata) demasiado elevado. ¿Sabéis cuanto pague por una de las mejores cervezas que he bebido nunca? 2 euros. El mercado croata considera que pagar dos euros por una cerveza buena es demasiado. Es para morirse de risa. Los pobres se han encontrado ahora que tras solo 8 meses de producción no pueden rehacer toda la estructura, así que de momento meten jazz los fin de semanas en el pub y venden mucha sopa de cerveza con patatas fritas.


Y finalmente el aceite de oliva. No soy experta en aceite de oliva, pero en mi experiencia (italiana) cuanto más al sud va uno, más fuerte es el aceite de oliva. El aceite istriano que probamos era delicado pero de gran aroma. Como con casi todos los productores que visitamos, estos dos hermanos también tienen una historía de lo más inverosímil. El pequeño, apasionado de los olivos desde niño, decidió empezar a producir aceite en una familia de ingenieros con 14 años. Se montó en un tractor y rompió esquemas. Todos lo tildaron de loco cuando decidió recoger los frutos un mes antes de lo habitual (al parecer en aquella época era tradición hacer la recogida el 29 de Noviembre, día de la república yugoslava), cuando se quejaba de la temperatura de molienda o metía el aceite en botellas especiales. Ahora los vecinos mantienen siempre un ojo en su olivar para correr a prepararse en caso de que Sandi salga con su tractor. Hace poco decidieron introducir cerdos. Han descubierto que se comen las malas hierbas, mantienen el terreno aireado y lo fertilizan de maravilla. Ah, porque me había olvidado de decir que son productores biológicos. Dos pájaros de un tiro. Aunque ahora no se le de gran importancia, Istria ha sido uno de los productores de aceite historicamente mas reconocido. En época romana, todo el producto elaborado en lo que se llamaba el "triangulo dorado" istriano estaba reservado para el consumo personal del César. Como pueden cambiar las cosas.


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